El cervatillo de Clos Beiran

Clos Beiran

Clos Beiran

Un cervatillo se precipita delante como rayo. Es un mensajero de la montaña de Inverso, de Inverso Pinasca.
Lo ha enviado para despertarme del sueño. Porque Clos Beiran se me apareció como un sueño, en la nieve, velado desde lejos de las frondas del abeto.
Tantas piedras dispuestas a hacer una aldea. Dormido en el blanco de un invierno suave, en un día sin sol de luz tenue, para no lesionar los ojos, para arrullar los sueños.
Incluso quienes vivían aquí soñaban, muros rectos perfectos, coloridos, con aroma de mosto, esperanzas.
No sirvieron cervatillos a despertarlo . Lo hacian las piedras de los caminos escarpados y todavia seguros, porque originarios.
Pero este es el pensamiento de quien en su momento va rápido sobre el asfalto, no fluyen más las piedras de antiguos senderos con el paso del sol.
Clos Beiran, colorido, de colores antiguos concedidos por el tiempo. Colores que sorprenden a la vista y al corazón, después que has visto desde la ventana de una cantina la prensa, gigante e imponente, soberana en aquel local, analizarte indiscreto y extranjero.
Donde ahora hay ruinas había viñedos, y quien ha pintado la casa, con rodillo de artista y pincel azul, bebía aquel vino, ácido y único y por lo tanto dulce, como un sueño.
Como mi sueño.
Me ha despertado el cervatillo, de lo contrario hubiera tomado otros secretos a Clos Beiran, a él y a la Montaña. Pero ella está celosa. Solamente te deja correr un poco en el tiempo para ver, después se cierra la puerta, con gentileza, además por sus recuerdos no te deja pasear. Con la carrera fulminante de un ciervatillo.

Clos Beiran

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