Un puente de sueño

Entre todas las obras humanas, la más importante, antes de las casas, de los hospitales y de las escuelas, es el puente.
Porque une.
Hay puentes bellos y puentes feos, puentes nuevos y puentes viejos, enteros y rotos. Están aquellos del diablo y quizás aquellos de los sueños.
En Pinasca, sobre el Rio Gran Dubbione, rama de Traversi, hay uno bellísimo, de puente: de sueño. Hecho de piedra, es arqueado como aquellos de los Romanos, como aquellos de los cuentos de hadas, enclavado entre las hayas a mirarse en el agua cuanto es bello, estrecho que no se puede cruzar, allí arriba; sentido único sin obligación forzada. Para no desperdiciar.
No es alto para no dar miedo, -el miedo está en las pesadillas, no en los sueños – pero igualmente tiene un parapeto para ofrecer seguridad a quienes pasan cargados y cansados.
No le han puesto ningún nombre en el cartel al puente de los sueños sobre el Río de Traversi: tal vez porque no lo han encontrado, un nombre que le vaya bien, porque no se puede bautizar un sueño, sólo vivirlo y, tal vez, contarlo.
Tal vez lo sabría contar Vanessa que recoge un poco del sol en las hojas secas y que observa inmóvil pasar. Pero ella no sabe hablar…


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