La Griva virtuusa

Tordo al nido

Tordo al nido


“La Griva virtuusa a Pasqua a l’à la nià vulusa”, decía mi abuelo – clase 1897; El Zorzal virtuoso en Semana Santa tiene los pequeños en el nido próximos a comenzar el vuelo. En esta afirmación con rimas, todavía, no había nada de ornitológico. Significaba, simplemente, que en Semana Santa era posible coger los nidos de los zorzales con los pequeños suficientemente grandes como para poder comerselos. Carne había poca, sólo para los animales próximos al final, y un poco de aves cocinadas con algunas patatas era un gran manjar.

Hacen estremecer, hoy, estas frases, como me hacían estremecer cuando el abuelo, hablaba de su juventud, me la contaba. Quizás entonces, a pesar de esto, de “grives” que estaba por todas partes, continuaba el abuelo. Hoy nadie más las come, agregó, pero de “grives” no hay más. Corrían los años 70 del siglo pasado cuando aprendía de la “griva virtuusa”.
El Zorzal ha estado siempre en el corazón de la gente, pero siempre la han matado y reducido en jaulas; No sólo por las virtudes culinarias, sino también por el canto, melodioso, fuerte, agradable y continuo: una música de la naturaleza. Así los nidos se cogían también para educar a los pequeños y tener los machos en jaulas para cantar. Para las hembras, no hace falta decirlo, cacerola.
Hoy se escucha todaavía a algún Zorzal cantar. Uno aquí, uno allá, lejos uno del otro, desaparecidos, dispersos. No puedo ni siquiera imaginar la competición vocal entre machos que quizás en los orígenes de tanto desgañitarse; competición entre quién, que no hay ninguno…
Y sin embargo esos pocos cantarines me llenan el corazón de alegría, “na griva!”, una zorzal, exclamo si estamos en compañía, o incluso solo, si es seguro que nadie me escuche.
Y me vuelven a la mente dulces palabras del abuelo, que incluso me hacían sufrir.
Yo, que nunca he comido “grive”, y le habría amenazado sin vacilación a cualquiera que se hubiese atrevido a hacerlo.