No lo sabíamos

Narcisi in Val Chisone

Narcisi in Val Chisone

Cuando era un niño vivía en Pinasca, en una casa en la carretera principal del valle, todavía SS 23 del Colle de Sestriere.
Eesa casa tenía una terraza desde la que, el domingo por la tarde, se podía ver el regreso de los excursionistas de la montaña. Muchos Fiat 500 y 600, de aquellos de entonces hechos bien, y yo forofo 600! Algunos otros coches, una motocicleta y varias vespas; el delante y el detrás abrazados fuerte: no hay cascos, estaba permitido morir también sin ellos. La guerra había terminado hace poco más de diez años, y todos ellos tenían sólo la vida en mente, y ganas de moverse libremente y en paz.
A ambos lados de las vespas, en mayo, hacían a menudo muestra dos racimos de narcisos, uno por cada lado, cientos y cientos de flores. A veces esos racimos grandes también hacian un guiño desde los 500 y los 600; desde la luna trasera.
Era normal recoger los narcisos. ¿Qué daño se hacía? Como viajar sin casco.
Más así en el alto valle, de Mentoulles hacia arriba, los prados eran flores blancas, y los narcisos no son buenos ni para el heno; por supuesto, era necesario evitar pisar el Prado.
Los vendían hasta los niños al lado de la carretera; baldes llenos de flores, unas decenas de liras.
Pragelato, el valle de las flores, difundía en el mundo imágenes de sí mismo con el fondo de los prados blancos de narcisos.
Cuánto tiempo ha pasado.
Hoy en día nadie recoge más narcisos. Anti ecológico. Se abunda en detergentes, en acondicionadores de aire, en luces por todas partes porque tenemos terror de la noche, queda una corriente sana con el fin de producir energía de la luz de la noche, pero los narcisos, no se recogen más. Quién sabe, quizá no seremos jamás capaces. Necesitaríamos caminar en la hierba alta, sin el pavimento, molestaría la baba que sale de las flores y macha las manos de negro.
Sin embargo, los narcisos ya no existen casi.
En Pragelato han desaparecido porque los han pavimentadas con las Olimpiadas y, en otros lugares, donde sobrevive cualquier prado, no hay más narcisos porque no se echa abono, corta el césped, mantiene detrás del bosque. Y los inviernos son suaves y cae siempre menos nieve.
Puede ser que todo esto no tenga nada que ver, pero hoy un prado blanco de narcisos es muy raro.
Como era bello ver desfilar los 500 y el Fiat 600 el domingo por la noche, y las chicas abrazadas a sus amantes, rígidas en las vespas, para no golpear con los pies los grandes racimos de narcisos enviados a la ciudad como trofeo.
Hacía soñar, era como ir en persona a la montaña.
Tal vez porque todo el mundo tenía impreso en los ojos el blanco de los prados de narcisos floridos.
Hermosísimo.
Y no lo sabíamos.

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