Balboutet

Balboutet es un sitio solar que te acoge sonriendo, porque las calles son luminosas y claras, cada esquina es amada, a cada paso una sorpresa te sorprende.
Andando entre las casas descubres puertas que cargan tiempo, y todavia firmes, tranquilizado por miríadas de clavos forjados y golpeados para hacerlos invencibles; descubre las esquinas simples, con colores antiguos, diseños viejos en comparación con los colores de hoy.
Algunas ventanas están empotradas para detener el frío, otras son amplias hacia el sol, para llamarlo y que entre en casa. Hay barandillas ricas y otras simples, “ciarduse” sobre la puerta para predecir el tiempo y las herraduras de caballo para solicitar la buena fortuna.
Las fuentes han pasado siglos y es fascinante pensar cuánta agua han visto pasar; ¿Cuántas mujeres han observado doblar la espalda para lavar telas y vestidos, de celebración y quizás de luto, que allí son pasados allí son renacidos.
Una fuente es la memoria de un lugar. Recooriendo el eterno el agua sin dejar rastro, tiene la memoria del tiempo y dice lo que ha pasado: en las piedras silueta, en las escritas, en la forma, en las flores que se reflejan y descienden de los antiguos que allí siempre estaban.
Aquella frente a la iglesia, metida allí para dar solemnidad sagrada y verdad al lugar, narra todo esto, y lo canta levemente, suavemente como un funeral, para no perturbar a las gallinas que van en paz por la calle, buscando semillas raras entre las grietas del pavimento donde no puedan correr como sus antepasados.
Todo esto es Balboutet, donde el amor por las raíces ha detenido un soplo de tiempo pasado.

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