Con el sombrero de cardenal

Picchio nero

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Puede suceder, andando por los bosques, escuchar el sonido de una campana. De Bicicletas.
Y quedarte sorprendido, en primer lugar porque las bicicletas ya no hacen más ese hermoso sonido, y luego porque… qué hace una bicicleta en el medio de un bosque ¿tal vez empinado y abrupto?
De hecho no se trata de una bici, sino de él, del más grande de los pájaros carpinteros, aquel negro: con una hermosa cabeza roja, el sombrero de cardenal de alto rango.
Es difícil no dejar salir una sonrisa en ese trino que trae recuerdos despreocupados, de caminos adecuados para los niños, la infancia.
Entonces, para sorprender más, aquí hay una mueca, pero no satánica, ni si quiera burlona. Una mueca bella, una risotada, convencida y completa; y te preguntas quién se ríe así de a gusto en el bosque. Siempre él, el pájaro carpintero negro, aquel con el sombrero de cardenal.
Si no existiera, tendrían que inventarlo al gran pájaro carpintero. Porque un movimiento de cabeza, un sonido, una sílaba de alegría hacen tanto bien que no se puede hacer de menos.
Gracias pájaro carpintero negro, carpintero y riente sonador de campanas, con sombrero rojo de prelado y pico grande para añadir el ritmo del tambor, evocado de viejos árboles secos listos para hacer de casa.
Immagini di F. Moglia,

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