La cantina del Gallo

Beccari Simone - 1882

Beccari Simone – 1882

Después de un poco caminando, así tanto que Dubbione es solamente un recuerdo, repentino aquí un grupo de casas, casi todas dilapidadas. La “vitalba” y las zarzas la hacen de jefes sobre aquellas piedras estancas, y las pocas casas sanas y todavía calientes de respiración humana, tienen la podadora entre los dientes para defenderse de aquella invasión verde, bella, pero letal.
Se atraviesa en silencio aquel estrecho lugar, bajo el más amplio Tagliaretto, Pinasca; por respeto de quién ha estado, y se observa. Los antiguos colores para decir que hubo vida, las vigas caídas, la luz reflejada que juega en los huecos de ventanas abiertas y olvidadas. A veces es todo verde, hay humedad, a veces todo es marrón rojizo, porque aquello es el Reino de las zarzas.
Y silencio en todas partes, excepto por el canto del zorzal nos acompaña. Porque es primavera.
No dan pena aquellos restos de presencia humana, tal vez porque aguna casa aún sigue viva, tal vez porque es tan curioso hacer correr los ojos entre aquellos restos, y acariciarlos, que el alma no se entristece.
Después se sigue por el sendero. Un poco más lejos, un pequeño descenso y, a la izquierda, la sorpresa. “Cantina del Gallo-Beccari Simone – 1882,” anuncia la inscripción de una larga casa que hace esquina a quien pasa, toda adornada de rojo antiguo para hacerla hermosa.
Una posada.
Era tanta la gente que allí pasaba que había espacio incluso para ella. Tiene todas las puertas abiertas y basta nada para forzarla. Sin embargo, es dueña fiera y todavía parece sentir el aroma del vino y el olor de frito barato, incluso las voces de los clientes y la algarabía de aquellos vinos, incluso en momentos amargos, estaba quizás un poco abusado.
A veces la historia fue, aquella simple de los padres, y la que espera. Basta pasar. Y como por encantamiento se reconoce aquellos niños de aquellas piedras que se han mantenido vivas, de qiuen viene al encuentro y te abraza, despacio. Para no molestar.
Quizás por eso este lugar no entristece el corazón, lo acaricia y hace pensar.

Luce rifratta

Luce rifratta

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