Todo mudo de repente

Un cartello neppure tanto bello
La vieja sendero que del Puente de Annibale-Pinasca-lleva al Gran Dubbione, parte derecha como un dardo. Abajo, hacia un horizonte cerrado que no se alcanza todavía a imaginar.
Después de un corto tramo de asfalto y después Villa delle Rose, la calle va sobre tierra desnuda, apoyada,en valle y en monte, de tantos hermosos muros en piedra seca. Es tierra negra como el grafito, porque si estás en el Massiccio Geologico del Dora Maira, que resalta al Carbonífero, antes de la noche de los tiempos.
A menudo la tierra dice las cosas que nos afectan, si apenas nos inclinamos a escucharla, si apenas la leemos un poco.
Lentamente las paredes se sustituien por los árboles, mientras el fondo se hace mejor pavimentado; primero incierto, esos árboles, crecidos donde el hombre había colocado los campos y después, a trazos, en el canal, más decididos y altos. Un refugio continuo que acompaña el camino. El sendero no cambia de dirección, pero se balancea despacio, un poco al sol y un poco a la sombra, para seguir las pistas, y en ocasiones encuentra el agua que desciente de camas verdes derechas.
Encantan aquellos árboles gigantes, que parecen seguirte. Como compañeros para explicarte los pliegues de las rocas, los cuarzos escondidos, y los colores, que poco a poco del negro fuerte pasan a un tono más ligero. Donde el sueloestá mejor hecho para para dominar los robles con liquenes antiguos para bordar los troncos y las ramas. Poco después, giras un poco tus pasos, grandes castaños cubren todo y parece entrar en un “maniero” al pasar bajo aquellas hojas gruesas.
A trozos los castaños silvestres, le brope, son altísimos y cubiertos por cuanto son largos de hiedra, en musgo inextricable, refugio de mariposa en invierno y de aves que hacen el nido en primavera. O a comer las bayas cuando escasea la comida. El reino de los tordos. Que están en todo tu alrededor y quizás regresen, aunque ninguno alcanza a ver, mientras cantan cerac de la columna musical de aquel lugar bien especial. Por aquí y alli pasan rapidamente los pájaros carpinteros, a buscar viejos y secos troncos, donde baten sus disparos; los pájaros carpinteros, que no saben cantar perosobre la madera saben retumbar; por decir tantas cosas, a los otros pájaros carpinteros,, y quizás al hombre, si sabe escuchar.
Y seguir caminando…
Hasta que en una comba más profunda, casi un desfiladero, después de una pared verde de roca cubierta con helechos dulces que ha desviado el sendero para no hacerlo precipitarse, eso es una señal.
Mudo y ni siquiera tan hermoso.
Habla de cuando sobre aquel sendero han pasado los nazistas inmundos para para dar caza a mis hermanos.
No en la noche de los tiempos. Prácticamente ayer.
De repente todo desaparece, todo es silencio, se pierden los colores, no hay más azul entre las ramas, fugados los tordos, ningún pájaro carpintero hace ruido. Se detiene el corazón.
Ya sólo aquel cartel.
Y una amarga punzada en el pecho. Para no olvidarlo.

Grandi castagni

Grandi castagni

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